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Un día por la tarde Tomasa paseaba por el bosque intentando ver su reflejo sobre el agua de cualquier charco, estaba emocionada por su nuevo sombrero y lo único que deseaba era verse todo el tiempo.

Bigboss la estuvo observando y se dio cuenta que la tortuga era bastante vanidosa, se creía la más bonita de la escuela, y pasaba gran parte de su tiempo peinándose y pintándose. Su vanidad era tan grande que poco a poco fue olvidando cuidar su corazón por emplear todo su tiempo en mejorar su físico. Así que Bigboss decidió mandarle una lección.

Mientras Tomasa observaba su figura en el agua cristalina del río sintió un destello en la orilla del otro lado que le impedía abrir bien los ojos hasta que logró ver que era un espejo, Tomasa se emocionó tanto por poder tener su propio espejo porque podría llevarlo a todos lados, tomó el riesgo de cruzar el río ella sola, aunque sus papás le habían dicho varias veces que nunca lo hiciera pues era muy peligroso.

Al llegar a la otra orilla y ver el espejo, Tomasa lo tomó de inmediato y contempló su figura. Estaba tan contenta de verse que nunca vio las instrucciones del reverso del espejo que decían: “Has encontrado un espejo mágico, si lo usas con prudencia podrás encontrar lo que hay en tu interior, si lo usas más de 7 veces al día tu imagen se transformará, hasta que los demás te descubran por lo que eres”.

Al día siguiente cuando Tomasa llegó a la escuela se dio cuenta que ninguno de sus compañeros la reconocía, Maclovio y Pikos llegaron a presentarse como si nunca la hubieran visto. Tomasa asustada tomó su espejo y se dio cuenta que su cara había cambiado, ya no era tan bonita, se asustó y tiró el espejo que cayó al revés y pudo leer las instrucciones ¿Cómo la reconocerían si su cara era otra? Al día siguiente Tomasa aceptó su nueva cara y comenzó a ir a la escuela, sus compañeros seguían siendo amables aunque pensaban que era nueva. Pero ella comenzó a actuar como siempre, a la hora de hacer sus tareas su cuaderno era el más bonito, ponía atención a la maestra, cuando alguien necesitaba puntillas o sacapuntas era la primera en prestar sus cosas que siempre estaban ordenadas y limpias. Nonos comenzó a recordar a Tomasa al ver como actuaba su nueva compañera pero dudaba si fuera ella. Por la tarde mientras todos jugaban unas carreras al ver como Tomasa se esforzaba por llegar a la meta aunque fuera la última pues era muy lenta, sus amigos la reconocieron, Nonos fue el primero en gritar: “Pero si eres Tomasa”, la tortuga salto de emoción y todos corrieron a abrazarla, tu orden, tu limpieza y tu esfuerzo son inconfundibles le dijeron. Sus compañeros conocían su interior, sus virtudes y fueron ellos quienes le ayudaron a descubrirlas y a darse cuenta que lo más importante está en tu corazón no en tu físico. Tomasa se fue a dormir muy contenta sin ver su cara pues el espejo lo había guardado debajo de su cama y se había olvidado que lo tenía pero al llegar a la escuela al día siguiente sus compañeros vieron a la misma Tomasa de siempre.