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Un día de verano una fuerte lluvia azotó el bosque, el pequeño caracol Nonos se encontraba sólo en el bosque buscando algo que comer cuando las gotas que caían del cielo se fueron haciendo cada vez más grandes; de una por una se unieron hasta que el agua comenzó a correr por todas partes, en las ramas de los árboles se formaron cascadas que caían sin parar a las raíces y desde ahí iban formando un camino hasta llegar al arroyo.

Nonos se aferró a la parte trasera de una hoja, una enorme gota la hizo perder el equilibrio, Nonos comenzó a gritar muy fuerte pero nadie lo escuchaba el ruido de la lluvia hacían imposible que sus papás lo oyeran.

Cuando la lluvia terminó lo único que se escuchaba en el bosque además del ruido del agua que seguía su curso, era el llanto de Nonos desde su refugio, el pato Maclovio que estaba aprendiendo a volar lo escuchó y comenzó a buscarlo pero Nonos parecía invisible, cada vez lo escuchaba más cerca pero no lo podía ver, un nuevo amigo del pato pasaba con su mamá y sus hermanos por ahí, era Pikos un puerco espín muy amable. Maclovio desde la rama de un árbol le gritó; -Pikos ¿escuchas eso? Alguien llora y no lo encuentro, ¿me ayudas a buscarlo? Pikos levantando la cabeza alcanzó a ver a Nonos aferrado a la hoja.

-¿Como lo vas a ver si estás arriba de él? Le dijo a Maclovio, pero por más que intentaba ver debajo de la rama no alcanzaba a ver nada. Hasta que bajó donde estaba Pikos pudo ver que estaba arriba de ellos, Nonos había dejado de llorar, ahora los observaba con cara de asustado y no contestaba a sus preguntas.

-Tengo que ayudarlo a bajar de ahí, le dijo Maclovio a Pikos,- pero como le puedo hacer si desde aquí no alcanzo y tampoco si vuelo sobre la rama. ¡¡Ya sé!! Tengo una idea, ayúdame a pararme sobre ti y así puedo llegar hasta él.

–Pero Maclovio no recordaba que Pikos tiene púas, los dos amigos estaban tratando de resolver el problema cuando apareció Tomasa una tortuga que buscaba flores para adornar su sombrero, al verla, Maclovio pensó que ella si le podía ayudar con su caparazón.

-Oye ¿Me puedes ayudar a rescatar a un amigo?

Tomasa contestó entusiasmada que sí, Maclovio se subió arriba de su caparazón y rescató a Nonos.

-¿Por qué llorabas? le preguntó Maclovio.

Nonos les contó todo lo que había pasado con la lluvia y como se había perdido y comenzó a llorar otra vez. Los tres se veían unos a otros sorprendidos sin saber que hacer pues el caracol no paraba de llorar, hasta que Maclovio le dijo –No llores, te puedes quedar con mi mamá y conmigo, te invito a mi casa, Pikos también le dijo, yo tengo 4 hermanos más grandes que yo, si quieres puedes venir a jugar con nosotros y finalmente Tomasa aclaró, mis papás, mi hermano y yo también te invitamos a nuestra casa mientras encuentras a tus papás.

Nonos comenzó a sonreír ya no se sentía solo ahora tenía tres nuevos amigos que estaban dispuestos a darle su apoyo.