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Una espléndida mañana de verano, casi al amanecer comenzaron las clases de vuelo para el pato Maclovio, mismas que su mami le daba. Nonos, el caracol que se había quedado con ellos, miraba a su amigo desde la flor más alta que pudo escalar. El sabio búho Bigboss lo observaba desde una rama muy alta de un frondoso pino, al verlo tan triste y solo, quiso hacerle compañía y ayudarlo a regresar a su casa pero el resplandor de sus alas plateadas hacía imposible que los animales del bosque lo pudieran ver tal cual era. Así que decidió convertirse en un pequeño búho amarillo.

-¿Qué haces? le preguntó a Nonos el caracol.

-¡Hola! –Contestó, -Estoy viendo como aprende a volar mi amigo Maclovio.

-¿Y tú, quieres aprender a volar?

A Nonos le brillaron los ojos y con una gran sonrisa contestó: ¡Por supuesto!

Bigboss le dijo: ¡Ven! ¡Súbete en mi espalda y emprendamos la maravillosa aventura de volar!

Nonos aceptó emocionado la invitación y su nuevo amigo lo llevó de paseo por todo el bosque. El búho, que era muy sabio, bajó en un lugar muy cerca del arroyo donde vivían la señora lombriz y su esposo que eran los papás de Nonos y que estaban tristes y cansados de buscarlo. Al llegar, la lombriz se emocionó muchísimo al ver a su hijo y besándolo le dijo cuanto lo quería y cómo lo habían extrañado, él era lo más importante que ellos tenían. Nonos estaba feliz de haber encontrado su hogar otra vez. ¡¡Ser hijo del corazón, de la adopción, será siempre un regalo enorme para todos!!

Dos días después el esposo de la lombriz llegó con un cartel que había visto pegado en un árbol con el dibujo de Nonos que decía: SE BUSCA. Maclovio, Pikos y Tomasa habían organizado una búsqueda para encontrar a su amigo y pegaron carteles por todo el bosque. Ellos desconocían que Nonos se encontraba de regreso, en su casa.

Para agradecer el cobijo que sus amigos habían dado a Nonos, el señor y la señora lombriz lo llevaron con sus amigos. Ambos estaban muy orgullosos del caracol porque mientras estaba perdido había podido resolver sus problemas el sólo y además tenía nuevos amigos.

Cuando Nonos les presentó a sus amigos, Maclovio, Pikos y Tomasa estaban muy sorprendidos, no podían entender que los papás de Nonos fueran lombrices hasta que Nonos les explicó que las lombrices eran sus padres adoptivos y que lo querían mucho y él a ellos y que juntos formaban una gran familia, la mejor que podían haber tenido.